|
Arturo
Martínez (Albacete,
1940) realiza, desde 1958, más de una treintena de exposiciones
individuales por toda la geografía española, así
como en París, Bruselas, Nueva York, Chicago y otras localidades
de Estados Unidos. Entre las últimas cabe destacar las celebradas
en las galerías Kreisler (1996), Gaudí (2001), Detursa
(2002), Espalter (2002, 2005) y Orfila (2008), de Madrid; Museo Muncipal
de Albacete (2002); galería Tolmo,Toledo (2003); galería
Gala, Chicago (2003); Surcos, Majadahonda (Madrid) (2004, 2005). Entre
sus colectivas: "Escultura al Aire Libre", Centro Cultural
Conde Duque (1994) y XIII Bienal Internacional del Deporte en las
Bellas Artes (1999), Madrid; "Encuentros", Museo de Santa
Cruz, Toledo (2003); además de su participación en ferias
internacionales de arte como Arco, Madrid (1989, 1993); Art Miami,
Miami (Estados Unidos) (1991); Artesantander, Santander (1992); Art
Americas, Miami (1995); Artexpo, Barcelona (1998); Feria de Arte,
Sevilla (2001); VI Feria Internacional de Arte Contemporáneo,
Salamanca (2002).
Acerca de "Meninas...", Sela del Pozo
Coll escribe en el catálogo de la exposición:
...Con un lenguaje definitorio, Arturo no teme las
variaciones, se diría musicales, que surgen dentro de su producción.
La melodíaque toca ahora es la de la relectura de Velázquez,
y cada una de las piezas de esta serie va componiendo un acorde. Con
una factura deshecha, acaso más bien esencial, va depurando
las formas, las anatomías de los personajes, sus vestimentas.
Ante nosotros aparecen Margarita, Maribarbola o Baltasar Carlos y
lo hacen entre sombras. Una estética la de la sombra, por cierto,
muy diferente a la del Siglo de Oro, sin duda, pero que se constituye
como un nexo más, un hilo de conexión con el naturalismo
barroco del maestro andaluz.
El excepcional trabajo de los fondos contribuye
al énfasis expresivo de la obra final. Un ambiente que, si
bien no constriñe lo representado, sí que lo contrasta
fuertemente. Los planos de color, aplicados siempre al óleo
y sin barniz, deconstruyen las imágenes de la superficie sin
que por ello sus pinturas pierdan un ápice de equilibrio.
Como recurso, el pintor guía nuestra mirada
incorporando, dentro de las obras, pequeños toques de rojo,
acentos tímbricos que guían a quien contempla para descubrir
la totalidad de la superficie y sus detalles, que no son otros que
la propia pintura esencializada y convertida, como gesto, en protagonista
de su producción artistica...
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
| Óleo
sobre liezo, 190 x 150 cm. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
| Óleo
sobre tabla, 100 x 70 cm. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
| Poliéster,
120 x 100 x 60 cm. |
|
|
|