Jerónimo
Salinero,
Macotera (Salamanca), 1945. Ha expuesto individualmente, entre otras,
en la galerías Orfila (1981, 1985, 1997, 2011) y Quorum (2004,
2008), de Madrid; galería Artis, Salamanca (1982, 1990, 1997,
2005); Club de Prensa Canaria, Las Palmas, y Fundación Germán
Sánchez Ruipérez, Peñaranda de Bracamonte, La
Salina, Diputación de Salamanca (1992); Catedral Gallery, Murcia
(2006).
Participa en numerosas colectivas, como el Premio
de Dibujo Pancho Cossío, Santander (1998); Homenaje a Manuel
Conde, dirigiendo en libro "El Fuego Cuadrado", galería
La Kábala, Madrid (1979); IV Bienal Iberoamericana de Arte
(1984); las ferias internacionales de arte ARCO, Madrid (1984, 1987),
Arcale, Salamanca (1997, 1998, 2000), Arteder, Santander (1997) y
Lineart, Gante (Bégica) (2003, 2005); Premio L'Oreal (1989),
así como en otras en Alemania, Francia y Rusia, además
de las celebradas en la galería Orfila: Premio de Pintura Galería
Orfila (1981, 1982); 10 años de la galería Orfila (1982);
Reflexión sobre El Prado (1985); Madrid:Mundo, Demonio y Carne
(1986); Encuentro en el Papel (1991); 25 Aniversario Galería
Orfila (1998); Homenaje a Julián Marcos (2004); Templanzas
y Destemplanzas (2004) y Pequeño Formato (2010).
Distinguido, entre otros, con el 2º Premio
de Dibujo de la VII Bienal Internacional del Deporte (1979); Mención
Especial del Certamen Internacional de Pintura Puerto Príncipe,
Benalmádena (1980); Gran Premio de Pintura en la XIV Bienal
de Alejandría (Egipto) (1982); Premio Especial del Jurado en
la VI Bienal de Valparaiso (Chile); Premio de la Junta Castilla-León
en la X Bienal de Dibujo de Zamora.
Autor de la grabados del libro "Contraseñas",
del poeta Antonio Leyva (1982); del libro de grabados "El Canto
quiere ser Luz" (1982); de los aguafuertes del libro "Desmonte
Cercano", galería Diart, Madrid (1982) y de las ilustraciones
de libro "Especial para Cócteles", de Rodolfo Serrano
(1998).
"LA CASA DE ABBAS MUHSEN"
A Miguel Hernández, en su centenario.
"Todas
las casas son ojos
que
resplandecen y acechan."
Un día lejos de hoy, apoyaba su diminuto cuerpo en el poyete
de una gasolinera con un cartel que colgaba de su cuello en el que,
con letras no muy legibles, mendigaba el acercamiento a la ciudad
de Toledo. Yo iba al pueblo de Illescas y, después de repostar
el obligado combustible, me acerqué a él y le propuse
el viaje a mitad de su destino. Su rostro aterido y su mirada solícita
expresaba compasión en aquella mañana turbia de amanecida.
"Todas
las casas son bocas
que
escupen, muerden y besan."
Su español desacompasado y entrecortado, era claro e inteligible,
a la vez, para mi duro oído. Le invité a que subiera
a mi coche e iniciamos el viaje despacio, por el viento y la lluvia
que azotaban fuertemente en los cristales y por el trasiego de los
coches en esa hora punta. Dijo llamarse ABBAS MUHSEN, ser Ingeniero
Agrónomo y escritor, nacido en la Franja de Gaza.
"Todas
las casas son brazos
que
se empujan y se estrechan."
Le pregunté que pescaba por aquí y me respondió:
Pesco caracolas en el suburbio marino de la vida con un barco sin
bandera, a la espera de poder borrar, mientras camino, las huellas
de tantas y tantas malvadas primaveras. También busco amor
para que mis negros ojos vean crecer el jardín de mi existencia.
Llevo la mochila cargada de sueños y razones y un manojo
de dudas que acato en mi silencio.
"De
todas las casas salen
soplos
de sobras y de selva."
Mi padre, de profesión albañil, construyó
nuestra primera casa en lo alto de una colina delimitada por dos
tesos blancos e inhóspitos, con solo dos estaciones, invierno
y verano. En el mes de mayo comenzaba a descender por aquella colina
un calor sofocante que absorbía las últimas humedades
dejadas por las escasas lluvias del invierno. La alfombra de la
cuenca se cuarteaba como las caras de los viejos de aquel lugar.
Los cereales sucumbían al poderoso sol y las aves se precipitaban
en sus nidos y espabilaban a sus polluelos para que adelantaran
sus vuelos y así ir hacia la brisa del mar, no muy lejano,
en la ciudad de Dayr al Balah.
"En
todas hay un clamor
de
sangres insatisfechas."
La casa se erguía ática, como un ciprés vigilante,
como un faro en resplandor, reflejándose en los ojos de mi
padre. En sus atenazadas manos, las huellas del pico y de la pala
que horadaron zanjas, y de la móvil paleta que tabicaba metro
a metro en la clandestinidad de la noche y con la voluntad de la
luna. Acomodados nuestros cuerpos y alojados nuestros animales,
distribuimos nuestros enseres y encendimos el fuego. Vigilante en
la noche, el búho real se posaba en el alto caballete.
"Y
a un grito todas las casas
se
saltan y se despueblan."
Vinieron tiempos en los que zozobraron los hombres. Misiles y piedras
cruzaban los cielos cargados de sinrazones rompiendo los cristales
de las palabras. Abriose la piel del cielo y resucitó el
dios que derriba casas, mata a niños, ancianos y perros.
Huyeron las palomas de los naranjos que como flechas buscaban otras
luces en el horizonte. Las abejas obreras vertían lágrimas
de miel en el regazo de la reina. Se llenó la casa de alaridos,
de minuciosas hogueras y de preguntas que tenían sabor a
sangre. Sangre que llevaba la ira de parte a parte quebrando los
sueños de los hombres.
Pequeña franja de vientos, de polvos y de sombras dime el
interés que tienen las naciones por ti, pequeña franja
de tantas entradas y salidas.
"Y
a un grito todas se aplacan,
y
se fecundan, y esperan."
La casa sucumbió cinco veces a la cerrazón de las
guerras, pero el padre de ABBAS MUHSEN, reconstruyó con la
voluntad de sus manos otras tantas veces la misma casa y la misma
esperanza.
Los versos en cursiva son de Miguel Hernández, del poema
"Todas las casas son ojos".
Jerónimo
Salinero
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